Béla Tarr: El cineasta húngaro que vive por su audiencia

Béla Tarr: El cineasta húngaro que vive por su audiencia

Béla Tarr, el aclamado cineasta húngaro, dejó una impronta significativa en su reciente visita a Barcelona durante la retrospectiva dedicada a su obra en la Filmoteca de Catalunya. Este evento atrajo a una audiencia masiva, especialmente para la proyección de su obra maestra Sátántangó, cuyas entradas se agotaron rápidamente. Tarr, al darse cuenta de la demanda, propuso cambiar su billete de regreso a Budapest para quedarse y presentar la película, un claro reflejo de su pasión por el cine y su conexión con el público. La proyección, que se llevó a cabo a la una de la madrugada, culminó un largo coloquio con más de 200 asistentes. Curiosamente, muchos de estos espectadores no habían nacido cuando Sátántangó fue filmada en 1994, una adaptación de la novela del mismo nombre de László Karsznahorkai, ganador del último Premio Nobel de Literatura y un pilar fundamental en la filmografía de Tarr.

Durante su estancia en Barcelona, Tarr también presentó otras obras notables como Las armonías de Werckmeister (2000) y El caballo de Turín (2011), esta última considerada su última película. En la proyección de El caballo de Turín, Tarr reflexionó sobre su decisión de dejar de filmar, afirmando: “Después de eso, ¿qué más puedo decir?”. Este filme narra la historia de un caballo maltratado, bajo un paisaje rural asolado por el viento, y cierra con una conmovedora imagen de un padre y su hija conviviendo con el animal en la penumbra de una vela. A lo largo de su carrera, Béla Tarr ha cultivado un estilo distintivo caracterizado por una mirada distante, el uso del plano secuencia y una cinematografía gris y fría, lo que le ha valido el reconocimiento honorífico de la Academia del Cine Europeo.

La semana que pasó en Barcelona fue intensa y repleta de actividades. Además de las proyecciones en la Filmoteca, Tarr participó en una presentación en el cine Zumzeig y ofreció una master class en una escuela de cine, donde improvisó un rodaje en un restaurante chino cercano. Su compromiso con la educación cinematográfica es evidente, especialmente considerando su papel en una escuela privada en Sarajevo, que ha impulsado a nuevos talentos como Pilar Palomero y Manel Raga. Este vínculo le permitió establecer una relación especial con los jóvenes cineastas, interesados en su enfoque poco convencional del cine.

Al finalizar la maratón de Sátántangó, Tarr comunicó a un colega que había regresado a un Budapest “gris y frío”, expresando su añoranza por Barcelona y el tiempo compartido. “Me he sentido realmente feliz. No es habitual”, escribió, dejando entrever la huella emocional que la ciudad había dejado en él. Un año después, Tarr cumplió su promesa de regresar a Barcelona para colaborar en un nuevo proyecto que había planeado, centrado en resaltar la dignidad de las personas sin hogar dentro de un container. Aunque un cambio en los tiempos y su salud le complicaron la realización del mismo, su legado artístico y su humanitaria visión continúan resonando en el panorama cinematográfico.

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