El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, celebrado el 8 de febrero, no solo destacó por su calidad musical, sino que se erigió como una poderosa declaración cultural de alcance global. Este evento, que tuvo lugar en el Levi’s Stadium, fue protagonizado por Bad Bunny, el artista puertorriqueño que ha conquistado las listas de popularidad a nivel mundial en los últimos años.
La actuación de Bad Bunny
Durante trece minutos de actuación, Bad Bunny —nombre real Benito Antonio Martínez Ocasio— ofreció un espectáculo que trascendió la mera presentación de éxitos. Su repertorio, mayoritariamente en español, incluyó canciones que se han convertido en himnos generacionales, como Tití Me Preguntó, Yo Perreo Sola y El Apagón. Además, la performance se configuró como un relato visual que evocaba la vida cotidiana de Puerto Rico y de millones de latinos en Estados Unidos y América Latina.
Detalles etnográficos del show
La escenografía estuvo cuidadosamente diseñada, con un enfoque casi “etnográfico”. Los escenarios recordaban campos de caña de azúcar y presentaban grupos de músicos con pavas, sombreros tradicionales jíbaros. Estas imágenes se complementaban con escenas de dominós, comida ambulante y el dinamismo de una fiesta comunitaria. Este esfuerzo iba más allá de lo estético, ofreciendo una representación prominente de un universo cultural pocas veces visto en espectáculos de tal magnitud.
El uso predominante del español también marcó un momento significativo. En un evento tradicionalmente reservado para artistas angloparlantes, Bad Bunny hizo de su idioma el centro del espectáculo, propiciando un debate global sobre la presencia del castellano en la cultura popular.
Colaboraciones y simbolismo
El show no estuvo solo en su impacto. La aparición sorpresa de Lady Gaga, interpretando una versión en salsa de uno de sus temas, y la participación de Ricky Martin, quien se unió con una pieza cargada de simbolismo sobre colonización y memoria histórica, enriquecieron la experiencia. La fusión de generaciones y estilos musicales creó un puente entre diferentes etapas de la música latina.
Además, la performance incluyó un acto simbólico en el que bailarines escalaron postes eléctricos chispeantes, aludiendo a los apagones recientes en Puerto Rico tras el huracán María y la crisis energética. Estos episodios han sido usados como metáforas de resistencia frente a las problemáticas que enfrenta la isla.
El mensaje de unidad
Uno de los momentos más impactantes del espectáculo fue el cierre, donde Bad Bunny, rodeado de banderas de países latinoamericanos, alzó un balón con la frase Together We Are America (Juntos somos América). Su mensaje redefinió la noción de “América”, enfatizando que representa una amalgama de historias, lenguas y culturas de todo el continente.
Reacciones y debates
La respuesta del público fue diversa. En Puerto Rico y las comunidades latinas de Estados Unidos, la actuación fue recibida con orgullo y celebrada como un hito histórico en la representación cultural. A través de casas, plazas y redes sociales, muchos vieron el espectáculo como una fiesta de identidades que posicionó la música urbana como un vehículo de reconocimiento cultural.
Sin embargo, también surgieron críticas, especialmente de sectores conservadores en Estados Unidos, que objetaron el uso del español y algunos de los gestos simbólicos. Este hecho reabrió el debate sobre patriotismo, identidad y el tipo de mensajes que se deben visibilizar en eventos como el Super Bowl.
A pesar de las controversias, la actuación de Bad Bunny en el Super Bowl LX se perfila como un momento de inflexión cultural. Fue no solo un espectáculo musical, sino un acto simbólico que unió ritmos urbanos con memoria histórica y un mensaje de unidad continental, dejando una huella en la historia de la música popular del siglo XXI.