Catatumbo: epicentro del conflicto armado en Colombia

Catatumbo: epicentro del conflicto armado en Colombia

Un autobús avanza a través de una carretera en mal estado durante casi cinco horas, atrapado entre baches. El calor es intenso y el polvo se adhiere a la piel de los pasajeros. De repente, el vehículo se detiene ante las puertas de Tibú, la capital del Catatumbo, en el norte de Colombia. En esta región, lo que podría ser solo una parada se convierte en un momento de tensión.

Un guerrillero vestido de civil, portando un fusil viejo, aborda el autobús y se presenta como miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN), uno de los grupos armados que opera en Colombia y que ha sembrado el territorio de muerte y temor.

—¿Qué hacen ustedes acá? ¿Extranjeros? —pregunta, al notar la presencia de pasajeros con cabelleras rubias y pelirrojas.

Al recibir una respuesta ambigua, se baja del autobús. Mientras tanto, un joven en moto se enfrenta a la única camioneta blindada del convoy, empuñando un revólver plateado mientras grita órdenes a sus ocupantes.

Pese a la tensión, el incidente no escaló a un tiroteo. Sin embargo, este tipo de situaciones son comunes en el Catatumbo, un lugar donde salir de casa implica el riesgo de quedar atrapado en un enfrentamiento. Desde hace más de un año, los habitantes viven en un constante estado de alerta, enfrentando una Guerra que limita su libertad de movimiento.

Un Territorio de Conflictos

El Catatumbo, reconocido como uno de los mayores centros de cultivo de hoja de coca en Colombia, enfrenta un conflicto que ha intensificado su violencia desde el 16 de enero de 2025, cuando se perpetró el asesinato de un funerario, su esposa y su bebé en un acto brutal. Este evento marcó el inicio de una disputa sangrienta entre el ELN y el Frente 33, una facción de las disidencias de las FARC, quienes nunca firmaron el acuerdo de paz en 2016.

La crisis humanitaria en el Catatumbo ha aumentado drásticamente, con 99,000 personas, en su mayoría campesinos, siendo desplazadas de sus hogares. En 2025 se han registrado más de 170 homicidios de civiles y al menos 262 eventos violentos, lo que ha convertido a esta zona en el punto más crítico del país.

Impacto en la Sociedad

La violencia ha paralizado el comercio y ha inducido a la población local al miedo de salir a trabajar o incluso a cultivar sus tierras. La guerra ha traído consigo innovaciones destructivas, como minas en los caminos y drones cargados de explosivos. “Esto es una fábrica de víctimas”, sostiene César Ruiz, un líder comunitario que representa a más de 12,000 vecinos.

No hay ideología clara en este enfrentamiento. Los grupos luchan por controlar un territorio rico en recursos naturales, como petróleo, carbón y cultivos de coca, además de un corredor crítico hacia Venezuela para el tráfico de drogas. Las victimas de estos conflictos son los ciudadanos, quienes sufren el desplazamiento, la muerte y el miedo constante.

La Vida en el Catatumbo

Las carreteras deterioradas del Catatumbo cruzan lugares desolados. A medida que el autobús avanza, el paisaje se llena de fachadas cerradas y carteles de «se vende». En Kilómetro 25, uno de los pueblos más afectados, la cotidianidad ha desaparecido; no hay vida social, las escuelas están vacías y las minas convierten el entorno en un campo de guerra.

Lucía, una campesina de 40 años, registró su situación de desplazada apenas cuatro días después del inicio de la crisis. En el departamento de Norte de Santander, hay más de 421,607 víctimas registradas por homicidio, amenazas y desplazamiento forzado. “No hay ayuda, no hay ingresos. En el pueblo no hay de qué vivir”, lamenta.

Resistencia y Esperanza

A pesar del conflicto, muchos optan por quedarse. Algunos lo hacen por conveniencia, mientras que otros sienten una fuerte convicción de resistencia. Roberto, un líder comunitario, asegura que marcharse significa abandonar todo lo que han construido a lo largo de los años. Elkin Robles, también líder comunitario, expresa su preocupación por la situación: “Aquí lo que hace falta es inversión social. Siempre hemos estado abandonados”.

La falta de infraestructura básica es evidente. Las carreteras están en ruinas, el acceso a agua potable es escaso, y muchos niños no reciben atención médica ni educación adecuada. La presencia del Estado es casi nula, y cuando aparece, es solo temporal y limitada.

La Lucha por la Seguridad

Decenas de organizaciones humanitarias intentan paliar la situación. En un reciente operativo, familias formaron largas filas para recibir asistencia. No obstante, el reclutamiento forzado de jóvenes sigue siendo un grave problema. Las amenazas del ELN de reclutar a menores han llevado a muchos a huir de sus hogares.

“La mayor preocupación es que los niños no deben estar en medio de este conflicto”, afirma María Alejandra Quintero, de la organización Madres del Catatumbo. En esta región, el lema es claro: “No parimos hijos para la guerra”.

En los días siguientes, las tensiones continúan, con explosiones que retumban en la población. El Catatumbo enfrenta un periodo crítico, y la incertidumbre sigue siendo el pan de cada día para sus habitantes.

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