El accidente de un avión del Ejército de Colombia en las selvas del Putumayo ha dejado un impacto profundo, generando angustia y miedo entre las familias de los ocupantes. Leydi Johanna Tunubalá, esposa del soldado Carlos Alberto Morales, experimentó un choque emocional al ver la noticia en Facebook. Días antes del siniestro, tuvieron una breve conversación por WhatsApp, pero después perdió todo contacto con él. “Me dijo que estaba esperando para salir a trabajar, pero luego no volví a recibir mensajes ni llamadas”, relata Tunubalá, quien actualmente se encuentra en el Hospital Militar de Bogotá, donde su esposo se recupera tras haber sobrevivido al trágico incidente, el más grave en la historia reciente de las fuerzas armadas colombianas, que dejó al menos 69 fallecidos.
Leydi, perteneciente a la comunidad Misak, reside en la zona rural de Silvia, Cauca. Ante la incertidumbre tras el accidente, se comunicó con un comandante del batallón en Puerto Leguízamo, quien le informó que no tenían una lista oficial de los pasajeros del Hércules C-130 y que la contactarían con cualquier novedad. Después de varias horas de angustia, un compañero de Carlos Alberto la llamó para confirmarle que su esposo estaba a bordo del avión que se dirigía a Puerto Asís.
Mientras tanto, la madre y la hermana de Carlos Alberto también vivieron momentos de desasosiego. Finalmente, recibieron la noticia de que había sobrevivido y estaba siendo trasladado a Bogotá. «Sentí un alivio profundo, pero todavía tenía miedo», expresa Leydi, quien considera que fue un milagro que su esposo estuviese vivo.
Gladys Morales, hermana de Carlos Alberto, decidió viajar a Bogotá junto a su madre para acompañarlo. Durante el trayecto, Gladys recibió una llamada de su hermano desde el teléfono de una enfermera. «Me dijo ‘Dígale a mi mamá que estoy bien’, pero tenía la voz muy débil», recuerda. Tras llegar al Hospital Militar, se confirmó que Carlos Alberto había perdido la memoria del accidente y recuperó la conciencia solo al llegar al aeropuerto El Dorado.
En el hospital, Carlos Alberto fue sometido a una cirugía cerebral y su estado es estable en la unidad de cuidados intensivos. Aunque presenta hematomas en su cuerpo, no tiene lesiones graves. Su preocupación radica en sus compañeros del vuelo, de quienes aún no tiene información sobre su estado. «Está haciendo un esfuerzo por recordar lo que pasó en el avión, pero no lo ha logrado», señala su hermana.
El miércoles, el ministro de Defensa, general (r) Pedro Sánchez, visitó a los heridos. En declaraciones a los medios, afirmó que aún no se conocen las causas del siniestro, pero subrayó que el avión estaba operativo. En declaraciones contradictorias a las del presidente Gustavo Petro, Sánchez aseguró que la aeronave, a pesar de tener 43 años de antigüedad, se encontraba en “condiciones aeronavegables” y había estado lista para volar.
Las familias de los sobrevivientes, incluyendo Leydi y Gladys, lamentan la falta de información y apoyo por parte del Gobierno y las fuerzas militares. “Desde que me comuniqué con el comandante del batallón, nadie me ha escrito ni me ha informado de nada. Todo lo hemos tenido que averiguar por nuestra cuenta”, comenta Leydi, quien ha visto a muchas otras madres preguntando por sus hijos sin recibir respuestas.