El Tribunal Oral de Cañete, en la zona centro-sur de Chile, ha emitido este jueves una sentencia de presidio perpetuo para los hermanos Tomás, Felipe y Yeferson Antihuen Santi, quienes han sido declarados culpables del triple homicidio calificado de los carabineros Misael Vidal, Sergio Arévalo y Carlos Cisterna. Este brutal crimen ocurrió la noche del 26 de abril de 2024, justo antes de la conmemoración del Día del Carabinero, y ha sido catalogado como el ataque más grave contra la policía desde el retorno a la democracia en 1990.
La condena se produce tras un extenso juicio de seis semanas, donde el Fiscal Roberto Garrido destacó que los hermanos Antihuen enfrentan otros cargos relacionados, incluidos robo con intimidación, robo con violencia, porte de armas de fuego, así como daños y atentados contra la autoridad. «Es evidente que las defensas apelarán esta decisión, pero confiamos en que la evidencia reunida apoyará la legalidad de este proceso», aseguró Garrido.
El Ministro de Seguridad del Gobierno de José Antonio Kast, Trinidad Steinert, expresó su conformidad con la sentencia, destacando la gravedad del crimen cometido contra los tres carabineros. «No olvidemos que los Carabineros son personas con familias y amigos. Se ha otorgado el presidio perpetuo calificado, sumando más de 150 años de cárcel a los responsables de este horrible atentado», afirmó Steinert.
El múltiple asesinato tuvo lugar entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de abril, cuando los carabineros llegaron a la casa de Carlos Antihuen, tío de los agresores, en un procedimiento habitual. Sin embargo, al encontrar el portón cerrado, los agentes se bajaron de su vehículo policial blindado para abrirlo. En ese momento, los hermanos Antihuen y su cómplice, Nicolás Rivas, que se ocultaban en los arbustos, abrieron fuego.
Este ataque fue calificado como una ejecución, ya que las víctimas fueron asesinadas de rodillas. Los criminales robaron las armas de los carabineros y dejaron sus cuerpos dentro de la camioneta, la cual fue posteriormente incendiada en la ruta P-72. Durante tres meses, el equipo del OS-9 de Carabineros investigó el caso, logrando la detención de Felipe y Yeferson Antihuen y Nicolás Rivas el 29 de julio del mismo año.
Tomás Antihuen, el tercer hermano, estuvo prófugo hasta el 21 de marzo del año siguiente, cuando fue arrestado a pocos kilómetros de la escena del crimen. Al momento de su detención, se le encontró en posesión de una subametralladora Uzi, una de las armas sustraídas durante el asalto.
Además de la condena de presidio perpetuo, Tomás Antihuen recibió 10 años de cárcel por tenencia ilegal de armas y otros delitos relacionados con su comportamiento delictivo. El fiscal Carlos Bustos, parte del equipo de Garrido, enfatizó que el homicidio fue un acto planificado con frialdad y precisión.