Liliana Furió y la Fundación de Historias Desobedientes
Liliana Furió es una de las figuras clave en la creación del colectivo Historias Desobedientes. Su camino hacia la fundación de este grupo comenzó cuando conoció a Analía Kalinec, hija de Eduardo Emilio Kalinec, un policía condenado por torturas y homicidios. Recuerda que este encuentro ocurrió un año antes de formalizar el colectivo. En sus inicios, el grupo se formó con un sentimiento de soledad, compartiendo experiencias que aún carecían de visibilidad pública. Fue en 2017 cuando Historias Desobedientes fue oficialmente constituido, integrado por personas «no por valientes, sino por gente común», según Furió. «Rompimos muchos moldes», afirma sobre el impacto del colectivo.
La Biografía de Furió y su Reinvención Personal
La trayectoria personal de Furió está marcada por la normalización de la violencia política en Argentina. Para ella, era natural la coexistencia de gobiernos democráticos y militares. Recuerda que durante la dictadura vivió ajena a la realidad que la rodeaba, sosteniendo que «la pasé muy bien, no tenía idea de nada». Con el retorno de la democracia, los crímenes comenzaron a revelarse, pero Furió optó por ignorar la verdad. Cuando le dio lectura al libro Nunca Más, prefirió creer en la versión de su padre, quien minimizaba los hechos afirmando que eran simples excesos.
El Cambio de Perspectiva en 2008
El punto de inflexión en su vida se produjo en 2008, cuando su padre fue detenido. Este evento la llevó a reflexionar: «Ahí dije: pará, hay archivos, hay testimonios, una cantidad abrumadora de relatos del horror. No pude seguir intentando creer que él no había estado». En el ámbito de los derechos humanos, las dudas sobre los hijos e hijas de represores eran comunes, pero Furió y su grupo decidieron continuar su labor, ofreciendo testimonios y acompañando juicios. De este modo, Historias Desobedientes se integró activamente en la lucha por la justicia.
Construyendo Redes y Rompiendo el Silencio
En la actualidad, Furió destaca la importancia de ayudar a otros en su proceso de reconstrucción personal. Confiesa que, al enfrentarse a su propia verdad, no tenía a dónde acudir. Por esta razón, su compromiso se centra en la creación de redes de apoyo, como el nuevo grupo Asamblea Desobediente, con el propósito de que otros hijos e hijas sepan que hay quienes ya han recorrido un camino similar. Su objetivo final es abordar un desafío más amplio: «Desarmar esta cultura de la crueldad”.