Limitaciones de la IA en la vida diaria: Más allá de las simulaciones

Limitaciones de la IA en la vida diaria: Más allá de las simulaciones

Inteligencia Artificial: Una conversación sobre sus verdaderas capacidades

El 20 de enero de 2023, el historiador Yuval Noah Harari, conocido por su agraciado libro Sapiens, presentó una conferencia en el Foro Económico Mundial de Davos titulada “Una conversación honesta sobre la inteligencia artificial y la humanidad”. Durante su intervención, argumentó que la inteligencia artificial (IA) está evolucionando de ser una mera herramienta a convertirse en un agente autónomo capaz de aprender, dominar y manipular el lenguaje, lo que podría llevar a un cambio en las estructuras de poder y reemplazar a los humanos en diversos ámbitos. Sin embargo, muchas de dichas afirmaciones carecen de fundamento empírico y pueden ser infalsables.

Desmitificando la IA: Capacidades reales

Harari afirmó que la IA posee autonomía, «voluntad de sobrevivir», y capacidad de toma de decisiones, conceptos que según el estado actual de la tecnología son erróneos. Los modelos de IA utilizan algoritmos para procesar datos y textos producidos por humanos, careciendo de deseos o metas propias. La manipulación del lenguaje por parte de la IA no implica comprensión semántica ni intenciones, lo que pone en cuestión la validez de las afirmaciones de Harari.

Además, su discurso, aunque llamativo, puede tener repercusiones serias. Atrae la atención de políticos, empresarios e influencers, creando un marco narrativo que podría reforzar la influencia de las empresas tecnológicas en la creación de políticas, a pesar de ir en contra del interés público. Se ha señalado que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se basó en aseveraciones de líderes tecnológicos para propagar la idea de que la IA se acercará al razonamiento humano en 2026.

La creación de mitos en torno a la tecnología

Las narrativas alarmistas distorsionan las capacidades reales de los sistemas de IA, fomentando un mito que confunde a los usuarios sobre sus funciones y objetivos. Este fenómeno puede desviar la atención de problemas cruciales que requieren soluciones inmediatas. Por ejemplo, ciertos estudiantes y educadores parecen más interesados en depender de la IA para tareas educativas en lugar de realizar actividades fundamentales como leer o programar.

Harari reconoce que la IA surge de un esfuerzo humano, pero no menciona que esta tecnología es resultado de decisiones tomadas por un grupo selecto de líderes que determinan sus implicaciones sociales y económicas. La IA no tiene la capacidad de cambiar por sí misma, como sugiere Harari; todas sus acciones son el resultado de programación humana y datos organizados para cumplir objetivos específicos. La caracterización de la IA como un ente autónomo ignora que se trata de un conjunto diverso de algoritmos que funcionan en conjunto.

La viralidad de la conversación sobre IA

Una semana después de la conferencia de Davos, Moltbook, una plataforma similar a Reddit, se volvió popular por sus publicaciones en las que chatbots “discutían” sobre filosofía y religión. En un post en la red social X, Harari reafirmó su visión sobre la IA dominando el lenguaje humano. Sin embargo, estas interacciones no son nuevas en el ámbito de la inteligencia artificial y no reflejan inteligencia real, sino simplemente la manipulación de secuencias de datos.

La complejidad de las tareas humanas

La importancia del lenguaje en la vida humana es indiscutible, pero simular su dominio no garantiza el control total que se pronostica. Las capacidades actuales de la IA, aunque avanzadas, son limitadas. No poseen metas ni deseos, y su comprensión del mundo está restringida a la manipulación de datos. La vida cotidiana requiere más que el uso de palabras; necesita acciones concretas, desde cambiar un pañal hasta el mantenimiento de infraestructuras.

Harari parece seguir una visión idealizada de la automatización, desestimando la complejidad de tareas esenciales que son difíciles de replicar por máquinas. Profesiones como la enseñanza, la enfermería y la construcción, frecuentemente realizadas por mujeres y menospreciadas, son fundamentales para la sociedad y complejas de automatizar.

Reconocemos los peligros de externalizar el conocimiento a la IA, pero estos desafíos no surgen de una nueva entidad superinteligente, sino de su diseño y uso en contextos específicos.

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