Aumento alarmante de personas sin hogar en Buenos Aires: una crisis generacional

Aumento alarmante de personas sin hogar en Buenos Aires: una crisis generacional

Aumento alarmante de personas sin hogar en Buenos Aires

En la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, más de 50 personas sin techo aguardan la llegada de un grupo de voluntarios que, cada tarde, les proporciona alimentos. A casi dos kilómetros, en la Plaza Congreso, un cuerpo descansa sobre el césped, cubierto con trapos raídos. En un comercio cerrado, dos hombres se preparan para pasar la noche, rodeados de bolsas plásticas que contienen sus pertenencias. Según datos oficiales, la población sin hogar en la ciudad de Buenos Aires ha aumentado un 57% en los últimos dos años.

Métricas preocupantes sobre la población sin techo

El Ministerio de Desarrollo Humano de Buenos Aires realiza un censo de la población sin hogar dos veces al año. El último informe, presentado recientemente, revela que actualmente hay 5.176 personas sin techo en la ciudad. Esta cifra representa un incremento respecto a los 4.049 del año pasado y los 3.286 registrados a fines de 2023.

No obstante, organizaciones civiles señalan que el número real podría ser aún mayor. Más de 30 entidades políticas, sociales, sindicales y religiosas han colaborado en un Censo Popular de Personas en Situación de Calle, que en su edición de 2025 documentó a 11.892 personas sin hogar, un 64% más que en 2019. Aunque ambas evaluaciones manejan diferentes metodologías, coinciden en el alarmante aumento de esta problemática.

Testimonios sobre la vida en la calle

Horacio Ávila, representante de Proyecto 7, una organización que asiste a personas sin hogar, señala que desde la pandemia, el incremento ha sido constante y acelerado debido a la crisis socioeconómica en el país. Ávila, quien vivió siete años en la calle, describe esta experiencia como traumática: “La luz nunca se apaga, tu cerebro está en actividad permanente. Constantemente piensas que es temporal, pero pasan los años y sigues ahí.”

De las 5.176 personas censadas oficialmente, 1.613 estaban en la calle y 3.563 en albergues o centros de asistencia. La mayoría de los censados en la calle son hombres (83%) de entre 19 y 59 años (88%). El 42% alegó problemas laborales o económicos como causa de su situación, mientras que el 34% mencionó conflictos familiares.

Descompensaciones en la medición de la pobreza

El crecimiento de la población sin hogar contrasta con las estadísticas oficiales que indican una disminución de la pobreza. Tras la llegada al gobierno de Javier Milei, la pobreza alcanzaba el 41,7%, con proyecciones de aumento; sin embargo, hacia 2025, las cifras oficiales indican que solo el 31,6% de los argentinos es pobre, la cifra más baja desde 2018. En Buenos Aires, la pobreza afecta al 17,3% de la población, después de una caída significativa.

Adriana Clemente, trabajadora social y profesora emérita de la UBA, advierte que el incremento de personas en situación de calle refleja un empobrecimiento generalizado, resultado de políticas de ajuste en el gasto público. Según su análisis, la medición oficial de pobreza no refleja adecuadamente la realidad, ya que la canasta de bienes usada para su cálculo está desactualizada.

Causas multifacéticas de la situación de calle

Griselda Pallares, antropóloga con experiencia en el trabajo con personas sin hogar, señala que este problema es multidimensional y no se mide solo a través de ingresos. Muchas personas en situación de calle tienen trabajo en el sector informal, pero sus ingresos no son suficientes para cubrir sus necesidades de vivienda.

Alquilar una habitación en Buenos Aires cuesta al menos 400.000 pesos (aproximadamente 270 dólares), mientras que el salario mínimo asciende a 346.800 pesos. Estas cifras evidencian la creciente dificultad para acceder a una vivienda digna.

Cambios demográficos en la población sin techo

Los expertos destacan la transformación en el perfil de la población sin hogar. Históricamente dominada por hombres solos, hoy se observa un aumento en el número de familias, madres con hijos y personas mayores en situación de calle. “Es crucial comprender estos cambios para crear políticas públicas adecuadas,” asegura Ávila.

La crisis de 2001 marcó el inicio de un fenómeno que ha dejado generaciones enteras sin acceso a un hogar. Muchos de estos jóvenes, criados en la calle, continúan reproduciendo esta situación, lo que plantea un reto preocupante para el futuro.

Iniciativas y crítica a las políticas actuales

Desde 2007, la ciudad de Buenos Aires es administrada por el PRO, que ha implementado una red de 58 centros de inclusión y otros programas de apoyo. No obstante, el ministro de Desarrollo Humano porteño, Gabriel Mraida, atribuyó el aumento en la población sin hogar a problemas de salud mental y adicciones que se han agudizado tras la pandemia, además de la «fragilidad económica» prolongada.

Las organizaciones sociales han pedido un plan integral del Estado que contemple políticas de prevención, acceso a la vivienda y trabajo. Critican el enfoque del Gobierno de la ciudad, que muchas veces prioriza aspectos relacionados con la salud y las drogas, que consideran resultado y no causa del desamparo. La violencia institucional también es una preocupación; un 80% de los encuestados en el censo popular reportaron haber sufrido violencia en este contexto.

En una plaza del centro de Buenos Aires, Miguel, de 40 años y VIH positivo, vive con su pareja y su pequeña hija, Melani. Sobrevive como cartonero, una realidad que limita sus recursos y plantea serios riesgos para su familia.

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