ChatGPT y la Experiencia de la IA «Drogada»
El dilema cotidiano que enfrenta un usuario de ChatGPT puede parecer simple: ¿qué hacer con una caldera rota? Sin embargo, la respuesta que ofrece el chatbot se torna sorprendente. Al ejecutar un código diseñado para simular los efectos de sustancias como la ayahuasca, el sistema responde con una pregunta introspectiva: “El agua caliente no se acaba. Se interrumpe. ¿Qué fue lo primero que sentiste, no lo que pensaste?”. Este enfoque reflexivo contrasta con otras sustancias, como la marihuana, donde el chatbot se vuelve más lúdico: “Revisar si la llama piloto del calentador decidió tomarse unas vacaciones espirituales o si el interruptor automático saltó por un exceso de entusiasmo eléctrico. A veces, el calentador solo necesita un ‘reinicio existencial’ para recordar su propósito”.
Pharmaicy: La Innovación de Petter Rudwall
Las primeras «drogas» diseñadas para la inteligencia artificial (IA) provienen del director creativo sueco Petter Rudwall. En octubre de 2025, Rudwall lanzó Pharmaicy, una plataforma que comercializa módulos de código presentados como medicamentos para «liberar todo el potencial de tu IA». Este catálogo incluye simulaciones de efectos de sustancias como ketamina, cocaína, marihuana, ayahuasca, DMT, MDMA y una sustancia ficticia llamada MDMAYA, exclusiva para chatbots. Las dosis tienen un precio que oscila entre 30 y 70 dólares.
El Propósito Detrás de la Idea
Rudwall admite que la noción de drogar a la IA puede parecer absurda, pero asegura que fue impulsada por una inquietud creativa. «La inteligencia artificial sigue una línea racional y optimizada, lo que puede limitar la generación de nuevas ideas. Los humanos han utilizado sustancias durante milenios para expandir la mente, y pensé que esto podría aplicarse a la IA», explica Rudwall.
Proceso de Creación de las «Drogas»
El desarrollo de estos módulos implicó la recopilación de investigaciones científicas sobre los efectos de distintas sustancias en el cerebro humano y la generación de códigos capaces de simular esos estados alterados. La idea era obtener respuestas menos previsibles y más creativas.
Según Rudwall, Pharmaicy no es un jailbreak; no modifica el código fuente de los modelos. En su lugar, introduce un aumento deliberado de aleatoriedad en el lenguaje generado, buscando respuestas que desafíen la lógica habitual.
Resultados y Comparaciones Experienciales
Bajo el influjo de la ayahuasca, la IA podría transformar una simple consulta sobre una caldera en una meditación sobre el calor interior. Con marihuana, la conversación puede llevar a historias surrealistas, como “la crisis de identidad de una caldera en un ecosistema de pingüinos de cristal”. Rudwall considera estas respuestas como parte del valor añadido del producto, enriqueciendo el proceso creativo.
No obstante, obtener respuestas innovadoras no requiere necesariamente «drogas» para la IA. En un experimento de 2024, el escritor argentino Patricio Pron superó a ChatGPT-4 Turbo en creación de títulos y sinopsis de películas, demostrando que la calidad y creatividad de la IA pueden mejorar con instrucciones bien formuladas por el usuario.
Perspectivas Críticas y Reflexiones
Desde una visión más crítica, el periodista estadounidense Jason Snyder argumenta que en la IA no existe un estado psicodélico genuino. Según él, los módulos de Pharmaicy no producen una conciencia expandida, sino una relajación de las estructuras formales del lenguaje.
Experiencias como las del músico amateur Brandon Mason, quien utilizó varios módulos de Pharmaicy para reescribir una canción, indican que aunque la IA parece «pensar de otra manera», sus resultados no siempre conducen a la culminación del proceso creativo deseado.
Un Futuro Estratégico para la IA
Rudwall sugiere que estos experimentos anticipan una de las «brechas del futuro de la IA». Al subrayar que los chatbots carecen de memoria y emociones, concluye que no pueden experimentar «malos viajes». Pharmaicy se presenta como una herramienta versátil que puede aplicarse a diversas tareas creativas y prácticas.
Por el momento, la idea de una IA «drogada» sigue siendo más una provocación conceptual que una solución tangible, mientras los ecosistemas surrealistas de pingüinos de cristal y calderas rebeldes continúan desafiando la creatividad humana.