Cristino de Vera: El Pintor de la Fe y la Incertidumbre

Cristino de Vera: El Pintor de la Fe y la Incertidumbre

Tributo a Cristino de Vera: Un Artista Canario de Espiritualidad Única

Cristino de Vera, nacido en Tenerife el 15 de diciembre de 1931, es recordado como uno de los más grandes artistas canarios de la pintura. Su vida estuvo marcada por una profunda conexión con la espiritualidad y la naturaleza, a menudo inspirándose en el cielo, la divinidad y la esencia de la pintura. Su amor por Aurora Ciriza fue fundamental en su vida, proporcionándole un ancla en la cotidianeidad que favoreció su carrera como pintor.

Un Artista y Su Entorno

Desde joven, Cristino de Vera mostró un gran interés por el arte. Estudió bajo la tutela de Vásquez Díaz y pasó horas maravillándose ante las obras de El Greco en el Museo del Prado. Este amor por la pintura lo llevó a convertirse en un referente para otros artistas. Era habitual verlo en las calles de Madrid, hablando con transeúntes sobre temas profundos como Dios, la felicidad y el miedo, capturando la atención de todos a su alrededor.

Las Noches de Cristino

Durante sus noches solitarias, en las que a menudo solo consumía manzanas, Cristino solía llamar a sus amigos. A media noche, su objetivo era alejarles de las distracciones de la televisión y sumergirles en conversaciones que animaban y reflexionaban sobre la vida. Su compromiso con la alegría y la bondad lo transformaba en un faro para aquellos que lo rodeaban.

Un Místico que Buscaba la Esencia de la Vida

En numerosas ocasiones, Cristino preparó exposiciones que reflejaban su mundo interior y espiritual. Su trabajo, lleno de simbolismo y misticismo, capturaba la esencia de su alma. Existía un vínculo inquebrantable entre su arte y su percepción del tiempo; el tiempo, ese “aliado de Dios”, era un concepto que le intrigaba profundamente, como evidenció en una entrevista a los 90 años. Su vida estuvo marcada por la búsqueda de un sentido más profundo detrás de la existencia y de lo divino.

La Herencia de Cristo de Vera en Tenerife

Tenerife fue siempre su refugio. Ahí dejó su legado a la Fundación Cristino de Vera, bajo la dirección de Clara Cristina Armas de León. La fundación resguarda su obra y promueve su generoso legado, fusionando su arte con el misticismo que lo caracterizaba. Su pintura, relacionada con la espiritualidad, se convirtió en un vehículo que exploraba su conexión con Dios y el cosmos.

Reflexiones y Espiritualidad

Cristino de Vera se definió a sí mismo como un buscador de lo divino, dejando claro que su vida era un viaje interior. Reflexionaba sobre la belleza del mundo, haciendo hincapié en su búsqueda de la fe y en cómo esta iluminaba su existencia. Juan Manuel Bonet, amigo cercano, lo describió como «un eremita de la pintura», cuya dedicación al arte era profundamente espiritual.

A lo largo de su vida, Cristino de Vera encarnó a un místico que, a pesar de su búsqueda de lo divino, mantenía una relación genuina con su humanidad, expresada a través de simples momentos como comer manzanas y beber whisky en tazas de leche.

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