Los índices de popularidad del presidente Gustavo Petro se mantienen sorprendentemente altos, a pesar de los numerosos escándalos que han marcado su Gobierno. Recientemente, la oposición anticipaba que su aprobación disminuiría tras las sanciones impuestas por Estados Unidos, que incluyen la descertificación en la lucha contra el narcotráfico y su inclusión en la lista Clinton o lista OFAC. La próxima reunión con el presidente estadounidense, Joe Biden, será clave; la puntualidad y el atuendo adecuado podrían influir favorablemente en los resultados esperados.
En el ámbito de la seguridad, la situación es alarmante. La fallida política de «paz total» ha fortalecido a los grupos criminales. Las medidas adoptadas, como la declaratoria de emergencia económica y la reforma tributaria por decreto, están lejos de ser soluciones efectivas. La Corte Constitucional ya ha sentado precedentes suficientes que podrían declarar esta reforma como inconstitucional. Según el exministro José Antonio Ocampo, es fundamental que la ciudadanía se oponga a los intentos del Gobierno de evadir el control del Congreso, que previamente rechazó la propuesta tributaria, y exija ajustes en el gasto público.
El reciente aumento del salario mínimo ha sido objeto de críticas. Este aumento, que podría llevar al país a un récord Guinness, se traduce en un incremento de precios en la canasta familiar y los servicios esenciales. Además, se prevé un impacto negativo en el empleo, aumentando la informalidad. Sectors como la floricultura, que dependen en gran medida de trabajadores con salario mínimo, podrían verse seriamente afectados. Sin embargo, estas problemáticas parecen no afectar la imagen del presidente Petro en las encuestas.
La interinidad y remoción de funcionarios por corrupción o ineptitud tampoco parecen repercutir en la percepción pública del presidente. Recientemente, fueron destituidos el ministro de la Igualdad, Juan Carlos Florián, y el director nacional de Inteligencia, Jorge Lemus, lo que genera cuestionamientos sobre la capacidad de Petro para gestionar su gabinete.
Petro se ha convertido en un líder que ha logrado trasladar la responsabilidad de los problemas del país a las élites económicas, a las que denomina «oligarquías». Su base de apoyo sigue enfocándose en lo que consideran logros. Si las cortes deciden revertir los errores de su administración, seguramente enfrentarán una fuerte resistencia por parte de sus seguidores. El creciente costo de vida se atribuye a la «codicia de los ricos», mientras que su Gobierno se presenta como defensor de un modelo progresista que busca establecer un salario integral. En comparación, incluso figuras como Trump, que comparten similitudes con Petro, enfrentan dificultades para mantener su popularidad.