Una visita pactada y el ambiente tenso que predomina en Cuautla, Morelos, marcan el inicio de esta historia cargada de violencia. El empresario, cuya identidad y detalles sobre su negocio se mantienen en el anonimato, invita a pasar. “Hace tres semanas mataron aquí al lado a una mujer. Fue por la mañana”, relata mientras ocupa una silla, ofreciendo un sofá a su visitante.
La preocupación por la seguridad es palpable en cada palabra. “Una señora que estaba aquí se extrañó de que no llegara la ambulancia. ‘Están esperando a que se muera’, comentó otra mujer presente en el momento”, explica. La atmósfera de Cuautla está impregnada de miedo, y el empresario menciona que incluso los paramédicos han sido víctimas de la violencia, atacados por atender a las personas heridas.
La impunidad y la brutalidad del entorno han convertido a esta localidad en un escenario donde la violencia es moneda corriente. En el oriente de Morelos, el reino de la extorsión y los ajustes de cuentas cobra un alto precio, y cada precaución se vuelve esencial para aquellos que intentan sobrevivir en medio de tal desasosiego.
La situación en Cuautla es un reflejo de los estragos que la inseguridad y la violencia estructural están causando en comunidades de todo el país. A medida que los habitantes enfrentan estos desafíos, la búsqueda de seguridad y estabilidad se convierte en una lucha constante.