En los próximos días, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) revelará la tasa de desempleo nacional correspondiente al trimestre móvil de marzo a mayo. La situación del mercado laboral en Chile enfrenta desafíos significativos, que, debido a factores estacionales y metodológicos, es poco probable que mejore. Durante los meses de invierno, se observa una disminución en el nivel de ocupación, ya que se dejan de contabilizar los trabajos estacionales del verano, especialmente en el sector agrícola. La metodología del INE, que cambia los datos mensuales de febrero por los de mayo, debe reflejar esta tendencia, aunque atenuada por el promedio de tres meses.
La economía chilena presenta un desempeño preocupante, con cuatro meses consecutivos de caída en su actividad, lo que plantea el riesgo de una recesión técnica si esta tendencia continúa en los meses de mayo y junio. El presidente Gabriel Boric ha señalado que se anticipan seis meses «críticos» para la economía, particularmente en términos de empleo. Algunos expertos especializados prevén que la tasa de desempleo podría alcanzar el 9,5% o incluso acercarse al 10%.
Chile, que suele evaluarse en el marco de la OCDE, se encuentra entre los países con mayor desempleo de esta organización, ocupando el cuarto lugar de 33 naciones. Un 26% de la población trabaja en condiciones informales, lo que provoca desprotección en términos de seguridad social. Además, uno de cada cuatro jóvenes no logra consolidar un empleo de manera sostenida.
Aunque algunos expertos evitan calificar la situación como una emergencia laboral, el desempleo ha demostrado ser un problema crónico, manteniéndose por encima del 8% durante más de 40 meses. Esta realidad afecta a millones de personas, generando condiciones de vida precarias y frustración, especialmente entre los jóvenes, quienes enfrentan dificultades para iniciar su trayectoria de desarrollo personal. Esto, a largo plazo, puede fomentar la fuga de talento, contribuir a la caída en la tasa de natalidad y llevar a la búsqueda de ingresos informales o ilegales.
Para una solución a largo plazo, es crucial que Chile logre un crecimiento más allá del 2% de expansión promedio de los últimos años. Este objetivo, previsto para los próximos años, depende de las reformas legislativas en discusión en el Congreso y de una gestión estatal que recupere la inversión y potencie la actividad económica, actualmente obstaculizada por la burocracia y cambios constantes en las regulaciones.
A corto plazo, las autoridades han convocado a expertos y empresas para discutir medidas que fomenten el empleo. Recientemente, una mesa técnica del Ministerio del Trabajo ha abordado temas como la implementación de la reducción progresiva de la jornada laboral de 40 horas semanales, las indemnizaciones por años de servicio y la revisión de aumentos al salario mínimo, así como la promoción de figuras contractuales más flexibles, especialmente en contratos por hora.
A pesar de las críticas que sugieren que estas medidas podrían acentuar la precariedad laboral y beneficiar a los sectores más acomodados, es importante reconocer que para muchas personas, la mayor precariedad radica en la incapacidad de encontrar trabajo. Dado que la economía no está lista para un cambio abrupto, es fundamental que las autoridades continúen su esfuerzo por abordar, a corto plazo, la problemática del desempleo. El crédito tributario al empleo incluido en el proyecto de Reconstrucción Nacional ha sido objeto de debate debido a sus costos y podría experimentar modificaciones, pero la discusión de estas medidas debe mantenerse abierta, considerando también propuestas alternativas de la oposición ante la crisis actual.