El miércoles 25 de junio de 2026, el norte de Venezuela fue sacudido por un intenso doble terremo de magnitudes 7.2 y 7.5, con epicentro en el estado de La Guaira. La tragedia se desató en medio de una ceremonia religiosa en la iglesia evangélica Luz del Mundo, que aún estaba en construcción y carecía de paredes levantadas.
Los asistentes, entre ellos Georgina Mejía, estaban en la recta final de la misa cuando el altar comenzó a temblar. “La tierra se los tragó de repente”, narra Mejía sobre los momentos terribles que vivieron mientras edificios de 12 pisos se desplomaban a su alrededor. El sismo dejó devastación en varias localidades del estado, con importantes daños estructurales en viviendas y edificios.
Las autoridades han activado protocolos de emergencia y buscan evaluar los daños y atender a los afectados. La situación ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la infraestructura en la región, un área ya golpeada por problemas de desarrollo y sostenibilidad.
Varías organizaciones locales y nacionales se han movilizado para brindar asistencia a los damnificados. Sin embargo, las dificultades para acceder a ciertas zonas afectadas complican los esfuerzos de rescate.
A medida que la situación se desarrolla, la comunidad de La Guaira se une en un esfuerzo por reconstruir y apoyar a quienes han perdido sus hogares. Las imágenes de la catástrofe rápido se difundieron, reflejando la magnitud de la tragedia y la necesidad urgente de ayuda.
El impacto de este evento sísmico y sus repercusiones continúan siendo evaluados, mientras la población local enfrenta los desafíos de la recuperación.