Gobierno revierte recorte de gasolina y diésel en medio de conflicto en Oriente Próximo

Gobierno revierte recorte de gasolina y diésel en medio de conflicto en Oriente Próximo

La promesa del presidente Gustavo Petro de reducir el costo de la gasolina se enfrenta a serias dificultades. A inicios de año, el Gobierno puso en marcha una disminución de 1.000 pesos por galón —500 pesos el 1 de febrero y 500 más el 1 de marzo—, pero para mayo ya se registra un aumento de 775 pesos, según los datos oficiales. Este incremento se suma a un aumento de 200 pesos en el ACPM, el combustible diésel, que entró en vigor el lunes. Este último ajuste afecta directamente a los transportadores de carga en Colombia, quienes son fundamentales para el movimiento de bienes en el país y han demostrado su capacidad de paralizar el comercio en situaciones críticas.

El ajuste en los precios del combustible responde a dos factores principales. Primero, el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), que el Gobierno debe cubrir. La Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) estima que este déficit alcanzará los 10,7 billones de pesos (aproximadamente 2.900 millones de dólares) este año. Desde su establecimiento, el FEPC acumularía un total de 136 billones (unos 36.700 millones de dólares), lo que complica aún más el presupuesto general del país, con un faltante de 16 billones de pesos. En segundo lugar, la situación internacional, exacerbada por conflictos en Oriente Próximo, ha llevado al barril de crudo Brent a incrementarse de 62 dólares por barril en enero a un máximo de 126 en abril, antes de moderarse a 102 dólares en los mercados recientes.

Con estos cambios, los analistas revisan sus proyecciones. La relación entre el aumento de los precios de la gasolina y la inflación se presenta con matices. Nicolás Cruz, economista de Corficolombiana, comenta que un incremento de 400 pesos en el costo de la gasolina podría traducirse en solo 0,06 puntos porcentuales de inflación en mayo, dada la baja relevancia que tiene este indicador en la canasta del IPC, donde representa solo el 2,9%. Sin embargo, advierte que si los aumentos continúan, el impacto podría ser considerable.

El investigador Hernán Rincón, del Banco de la República, señala que los modelos económicos tradicionales que relacionan el aumento de los precios de combustibles con la inflación ya no son aplicables debido a distintos cambios en la economía y las dinámicas del mercado. No obstante, tres estudios independientes indican que un incremento del 1% en los precios de los combustibles podría afectar la inflación en aproximadamente 0,05 puntos porcentuales. Aunque parece ser un efecto menor, en un contexto de inflación anual del 5,56%, cada décima cuenta, sobre todo en medio de la tensión entre el banco central y el Gobierno.

El primer trimestre de este año mostró que los combustibles para vehículos habían reducido sus precios en 4,55%, lo que alivió parcialmente la presión inflacionaria. Sin embargo, las reducciones de febrero y marzo han finalizado, y el riesgo puede residir en las expectativas de los productores que podrían anticiparse al incremento de precios, generando una inflación más elevada.

La inquietud ahora es cuánto más se ajustarán los precios de los combustibles. ANIF sugiere incrementos mensuales de 214 pesos en el ACPM durante dos años, junto con un ajuste inmediato de al menos 800 pesos en la gasolina, para abordar el déficit del FEPC en 3 billones de pesos este año. En una segunda fase, propone que los precios se basen en un promedio móvil del mercado internacional. Sin embargo, destaca que mientras el precio del barril de Brent se mantenga por encima de los 100 dólares, Colombia seguirá vendiendo combustible por debajo de su costo real.

El ministro de Hacienda, Germán Ávila, resumió la situación al anunciar el aumento de mayo. Reconoció que, aunque en su momento se lograron reducciones, la coyuntura internacional actual obliga a revertir esas decisiones. Adicionalmente, enfatizó que este tipo de subsidios genera una carga financiera pesada para el país. La difícil tarea de equilibrar las necesidades fiscales con la política energética se presenta como un desafío significativo en el contexto actual.

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