Francisco Martínez, de 68 años y decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, es uno de los cuatro candidatos a la rectoría de la Universidad de Chile, la principal universidad del país. En esta entrevista, Martínez expone su visión sobre el futuro de la institución y su plan estratégico para liderarla durante los próximos cuatro años. Asegura que su enfoque ingenieril lo lleva a proponer un cambio en la estructura burocrática y a impulsar la adaptación al siglo XXI, enfatizando la importancia del rol del Estado y lo público en la educación. El 12 de mayo, se enfrentará a otros tres postulantes: Pablo Ruiz-Tagle, Sergio Lavandero y Alejandra Mizala, de quienes saldrá el sucesor o sucesora de la actual rectora Rosa Devés.
Un contexto político cambiante
Martínez describe el ambiente político chileno como “voluble y poco predecible”, vinculado a fenómenos globales como la tecnología y el cambio climático. Advierte que, aunque la sociedad está preocupada, carece de las capacidades necesarias para enfrentar estos desafíos. “La discusión de la última elección presidencial chilena no incluyó estos temas, como si no nos afectaran”, comenta, añadiendo que todos estamos inmersos en un cambio convulso que no sabemos cómo abordar.
Desafíos en la educación en Chile
Con un Master of Arts y un Ph.D. de la Universidad de Leeds, Martínez ha centrado su investigación en la desigualdad. Señala que, si bien Chile cuenta con un alto nivel educativo, persisten problemas en la educación escolar. Menciona las políticas implementadas en colegios emblemáticos, como el Instituto Nacional, que, a su juicio, no han producido los resultados esperados. Asimismo, destaca la necesidad de resolver el financiamiento de los estudiantes de educación superior. Martínez critica que lo invertido en investigación y desarrollo tecnológico está muy por debajo de lo necesario para un país en vías de desarrollo.
La Universidad de Chile, un pilar del país
Martínez sostiene que la Universidad de Chile es una de las instituciones más relevantes del país, ya que contribuye a la construcción de la identidad nacional. “La universidad debe ser un lugar donde el país se cuestiona y reflexiona” afirma, destacando la responsabilidad que tiene de hacerse cargo de esta misión, que no siempre es asumida por otras instituciones. Propone una reconfiguración del rol de la universidad para adaptarse a los tiempos, centrándose en cómo puede aportar a la sociedad y a la formación de sus estudiantes.
Hacia una universidad más ágil
Para cumplir con estos desafíos, Martínez sugiere “liberar restricciones” para que la universidad adquiera una autonomía real, no solo formal. En su candidatura, un eje central es el crecimiento y la necesidad de desburocratizar la universidad. “La agilidad y la capacidad de anticiparse son fundamentales”, enfatiza, refiriéndose a la burocracia que limita su desarrollo. También cree que una visión ingenieril puede facilitar transformaciones necesarias en la estructura organizativa.
Impulsar la educación continua
El decano menciona la importancia de una educación continua sólida, proponiendo el diseño de una gran escuela de educación continua para actualizar a los profesionales. Su plan implica un desarrollo estratégico que integre la inversión y soluciones adecuadas para las necesidades educativas del país. Martínez aboga por una oferta educativa multidisciplinaria que se adapte a necesidades emergentes, como la tecnología en salud y energía.
La educación pública y su futura dirección
Ante la creciente privatización de la educación superior chilena, Martínez destaca la importancia de la educación pública y sus valores fundamentales. En un contexto en que solo el 15% de la población se forma en instituciones públicas, subraya que es vital mantener el pluralismo y la equidad como pilares de la educación pública. La universidad, según él, debe ser un lugar inclusivo y diverso que promueva la participación y el respeto por diferentes visiones.
Enfrentando los desafíos del contexto actual
A pesar de un gobierno que puede no ser pro Estado, Martínez enfatiza el rol de la universidad como espacio de discusión sobre los desafíos del país. Reitera que debe ser un foro con opiniones diversas sobre temas educativos y de equidad. También se refiere a la reciente controversia en la Universidad Austral, defendiendo la manifestación libre de opiniones dentro de un marco de respeto interinstitucional.
Un momento fascinante para la humanidad
Finalmente, Martínez considera que este es un momento clave para enfrentar los desafíos de la tecnología y la inteligencia artificial en la educación. “Las universidades públicas tienen una oportunidad única en este contexto”, añade, refiriéndose a la necesidad de adaptarse constantemente a los cambios, que se están acelerando. Para él, la Universidad de Chile debe ser un modelo de adaptación y respuesta a los cambios que están transformando la sociedad.